El pasado 15 de noviembre tuve el honor de estrenar en el festival de Música Española de Cádiz esta pieza para trío basada en una ficticia historia acontecida en el lago Biwa. La interpretación corre a cargo del ensemble Taller Sonoro.
Pequeño análisis de la pieza:
Esta obra titulada “Reflejo sobre el lago de un jardín japonés” está realizada para flauta, percusión y piano. Su composición es única y exclusivamente para la cátedra Manuel de Falla 2021. La obra se estructura a base de la división de la pieza en diversas secciones, todas ellas calculadas mediante el número áureo, a partir del máximo de duración de la pieza: seis minutos. A partir de ahí, concebí una introducción y una coda de cuarenta y cinco segundos cada una, que actúan a modo de telón en la obra. La obra en sí refleja un lago y lo acontecido en él: una parte de movimiento y alteración; una parte de reposo y ligereza; volvemos a la parte de movimiento y alteración; para acabar con la última sección (previa a la coda) con una parte de calma que evoluciona a una sensación casi meditativa. Abajo, podemos ver de manera gráfica la estructura de la pieza:

Historia en la que se basa la pieza:
Para la realización de la obra, decidí crear una historia con la que poder inspirarme y utilizar a modo programático a lo largo de la pieza. No hay leitmotivs en la obra, más bien motivos descriptivos fieles a la historia (debido a que la historia es lineal y no cíclica, no se desarrollan los motivos, sino que aparecen como reflejo musical del relato). La historia dice así:
“La suave brisa y el rojizo color del cielo marcan el atardecer. Sobre la roca, el músico sopla la flauta que con su sonido, avisa a las aves del cambio de guardia nocturno. El lago comienza a despertar.
La rana brinca sobre la roca, salpicando el agua. Con la agitación iniciada por la rana, las carpas comienzan a viajar, dibujando bajo el agua una amalgama de llamativos colores. Grillos y luciérnagas bailan en la orilla.
El lago entra en calma y el farol que en el bote de los pescadores se halla, refleja su forma como espejo sobre la fina capa de agua. Los Koi se observan con facilidad y proveen la tarea a los atentos navegantes.
Tras la calma, el agua se vuelve a agitar, dispersando las carpas. Tras el sonido de las hojas, mecidas por el viento, irrumpe en escena la grulla, que a pesar de una tímida entrada, comienza a aletear sus alas, mostrando a los espectadores su alcurnia. En este lago, no sólo lo conocido en él habita: los duendes y gnomos trabajan sin cesar para que la magia brote.
La tranquilidad y sosiego regresan al lago y esto incita a la aparición de los diversos kami, animados a ayudar y traer un estado meditativo y contemplativo al entorno. Los espíritus limpian y curan el alma del lago.
Con el flautista tañendo el instrumento se cierra el telón, habiendo transportado al público durante unos minutos al maravilloso lago Biwa de Japón. “

«Espero que disfrutes de la obra y te deseo un buen viaje por este maravilloso atardecer de mi pequeño y privado jardín japonés»
Ignacio Doménech Amérigo


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